¿Es necesaria la terapia psicológica en el acoso laboral?
Si sufres acoso, la respuesta a esta pregunta es un rotundo SÍ.
Ahora bien, conviene matizar ese “SÍ”. Asumiendo que el lector de esta web no necesariamente está familiarizado con la terapia psicológica, comenzaremos señalando que existen diferentes “escuelas” de psicología. Posiblemente, la más conocida a nivel popular sea el psicoanálisis, aunque también existen otras como la psicología cognitivo-conductual (la más practicada), la Gestalt, la terapia humanista, entre otras. La elección de una u otra dependerá del tipo de problema, así como de las creencias y preferencias del paciente. Invitamos al lector a informarse sobre las diferentes opciones y seleccionar la que mejor se ajuste a sus necesidades.
En esta web abordaremos la terapia desde una posición ecléctica o integradora, utilizando herramientas de distintas escuelas: cognitivo-conductual, humanista y sistémica, principalmente. Consideramos que las terapias psicodinámicas (psicoanálisis y otras) son, en general, más prolongadas y, aunque útiles para muchos padecimientos, no se centran tanto en planteamientos directivos como los que aquí proponemos.
Es importante destacar que, a día de hoy, no existe un protocolo de tratamiento validado a nivel mundial para el acoso laboral. Existen numerosos estudios y propuestas, pero ninguna ha sido avalada por la APA (Asociación Americana de Psicología) o la NICE (sistema anglosajón de salud), que son referentes en tratamientos psicológicos con validez empírica.
Parte de la dificultad para estandarizar el tratamiento se debe a que el acoso es un proceso que atraviesa distintas etapas. Por ello, uno de los primeros objetivos del psicólogo será determinar en qué fase se encuentra la víctima.
A grandes rasgos, el proceso terapéutico sería el siguiente:
Primero, se realizará una evaluación inicial de daños, identificando los posibles efectos del acoso en la víctima: pérdida de autoestima, afectación del autoconcepto, tristeza, aislamiento, desrealización o despersonalización, desgaste emocional, estrés, pensamientos suicidas, entre otros.
A continuación, se llevará a cabo un análisis funcional del problema, examinando sus antecedentes (desde los más remotos hasta los más recientes), el contexto en que ocurre (estilo organizativo, estrategias del agresor, rol de los compañeros, nivel de apoyo de la víctima, etc.) y las relaciones entre estos factores, evaluando cómo impactan en la salud del paciente.
Puede ser necesario realizar sesiones de psicoeducación, orientadas a comprender el problema y resolver dudas específicas del caso. Esta etapa resulta terapéutica y facilita que la víctima entienda mejor la situación.
Con esta información, paciente y psicólogo trabajarán para definir pautas y conductas a seguir. Será fundamental determinar los objetivos del paciente y desarrollar estrategias adecuadas para alcanzarlos. Estas estrategias implican acciones puntuales o recurrentes, a nivel interno y externo, utilizando herramientas psicológicas habituales como reestructuración cognitiva, técnicas de relajación, solución de problemas, entrenamiento en asertividad, manejo de la ansiedad, entre otras.
Los resultados se monitorizarán para evaluar la eficacia de las acciones, y las estrategias pueden incluir tareas fuera del entorno laboral, así como la activación de apoyos familiares y sociales.
Paralelamente, se abordarán los daños más comunes provocados por el acoso laboral, como el trastorno por estrés postraumático, la depresión o el aislamiento.
Además, el psicólogo experto en acoso laboral debe contar con conocimientos básicos de derecho para orientar y motivar a la víctima, o incluso ofrecer pautas, si la vía judicial forma parte de los objetivos del paciente.
El acompañamiento terapéutico requiere tiempo y su duración varía según el caso y su evolución. No es posible establecer un tiempo fijo de antemano; paciente y terapeuta deberán monitorizar los avances y definir los horizontes temporales de la terapia. Es importante señalar que la terapia exige un trabajo conjunto intenso entre paciente y terapeuta.
Comenzaba esta entrada diciendo que la respuesta a la pregunta era un rotundo SÍ. Es rotundo porque las consecuencias del acoso, si no se aborda, pueden ser devastadoras tanto a medio como a largo plazo. Por prudencia, recomendamos a la víctima que contacte inmediatamente con un experto en la materia.
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