¿Qué hago si sufro acoso laboral?
Si estás leyendo estas líneas, es posible que tú o alguien cercano se encuentre en una situación de vulnerabilidad o, directamente, esté sufriendo acoso laboral. El acoso laboral, o mobbing, es una situación muy delicada por las consecuencias que implica a distintos niveles: laboral, social y de salud, entre otros. Para que la persona pueda superar el trauma que provoca el acoso, es necesario seguir una serie de pasos o pautas.
Esta secuencia de pautas aumenta las posibilidades de encontrar una solución satisfactoria para la víctima, independientemente de las implicaciones legales o profesionales que esta implique. Esas pautas o pasos son los siguientes:
1º. Tomar conciencia de la situación
Si has estado revisando estas páginas, habrás comprendido que el acoso puede entenderse como un proceso con distintas fases. En la fase inicial, es común que la víctima experimente confusión; no comprende bien lo que ocurre a su alrededor ni lo que le sucede internamente. Ser consciente del problema es un primer paso fundamental para salir de este estado de confusión, ordenar las ideas y afrontar la situación. A veces, aceptar el acoso resulta difícil debido a la carga humillante que conlleva. El trabajo constituye una parte importante de nuestro autoconcepto y autoestima, por lo que reconocer un problema laboral puede requerir tiempo. Enfrentarse a ello provoca miedo, ansiedad e incertidumbre respecto al futuro.
Tomar conciencia es esencial, aunque no resuelve el problema por sí mismo.
2º. Hacerse responsable de la situación
Ser responsable implica comprometerse con uno mismo para afrontar y tratar de solucionar la situación. Esto conlleva buscar alternativas, establecer metas, hacer planes, crear rutinas y, en definitiva, asumir un esfuerzo personal. La ayuda de terceros será valiosa, pero, en última instancia, es la persona quien debe tomar el control de su situación.
Al buscar apoyo, es importante advertir sobre ciertos riesgos. La víctima de mobbing suele acudir tanto a apoyos internos —compañeros, superiores, departamento de recursos humanos— como externos —familia, terapia, asesoría legal—. Sin embargo, no toda ayuda es beneficiosa; algunas veces puede resultar contraproducente. Por ejemplo, hasta los años 80 se consideraba que el acoso se debía a características de la personalidad de la víctima, por lo que los consejos, incluso de expertos, se centraban en “cambiar” aspectos de su carácter. Atribuir el acoso a la víctima generaba culpabilidad y agravaba su situación. Hoy sigue siendo común que amigos, familiares o compañeros ofrezcan consejos bienintencionados que, sin embargo, pueden alimentar la autoinculpación y aumentar el sufrimiento.
También es habitual que especialistas —psicólogos, abogados, representantes sindicales— recomienden emprender acciones legales contra la empresa. Aunque muchas veces es una alternativa válida, no siempre es la más adecuada para todos los casos y puede no convenir activarla de inmediato.
3º. Comprender la situación
Es crucial entender el acoso tanto desde el punto de vista externo como interno. El acoso es injusto: ningún trabajador debería ser humillado, aislado o marginado. Sin embargo, lamentarse resuelve el problema. Comprender por qué ocurre, su desarrollo, sus implicaciones para la víctima y las dinámicas externas que enfrenta, así como su impacto personal (no solo laboral sino también en salud, relaciones familiares y amistades), facilita la aceptación y prepara el camino para el siguiente paso.
4º. Tomar decisiones
Tras los tres primeros pasos —tomar conciencia, asumir responsabilidad y comprender la situación— la persona está lista para decidir cómo actuar. Esta decisión debe ser personal y reflexionada. Las alternativas posibles son:
- Conservar el puesto de trabajo y buscar una reparación por parte de la empresa.
- Conservar el puesto de trabajo sin buscar reparación.
- Abandonar la empresa y buscar reparación.
- Abandonar la empresa sin buscar reparación.
Por “reparación” se entiende moral, legal o económica. Cualquiera de estas opciones es válida siempre que refleje el deseo de la víctima y no la opinión de abogados, representantes sindicales o familiares. La elección también dependerá de factores como el tipo de empresa, las implicaciones económicas, las oportunidades laborales disponibles, la coyuntura económica y el coste personal del proceso.
Cada alternativa requiere activar recursos y apoyos, tanto profesionales —abogados, psicólogos, personal de la empresa— como personales —familia, amigos, compañeros—. Una vez tomada la decisión, se debe trazar un plan de acción que puede incluir llevar un registro diario o semanal, presentar una denuncia, contratar asesoría legal, buscar un nuevo empleo en paralelo, solicitar una baja, entre otros.
Esta fase requiere un enfoque proactivo, de agencia. Implica asumir el control del propio destino, mirar al futuro y dar los pasos necesarios para alcanzarlo.
Superar un caso de acoso no es sencillo. Si no se aborda con seriedad y rigor, puede generar consecuencias duraderas en la víctima, como cuadros postraumáticos. El proceso requiere tiempo, esfuerzo y ayuda externa, pero también puede convertirse en una valiosa lección de vida, mejorar la comprensión de uno mismo y, en última instancia, salir reforzado como individuo.
