Viento de noviembre
Finalista del XI Premio de microrrelatos Manuel J. Peláez
Por si la volvía a ver volar, para confirmar que no había sido fruto de un delirio, una de mis supuestas enajenaciones transitorias, la colocaba en el alféizar, acariciaba su lomo y desplegaba sus alas rígidas y anseriformes. Luego, abriendo la ventana, le susurraba: «Vuela, vuela palomita, tú que eres libre». Proyectaba en cada palabra todo el amor que era capaz de sentir. Así pasaron semanas, ¿qué se yo?, ¡puede que años!, sin que jamás perdiera la esperanza de que un día me dejara en un golpe de viento.
Estaba convencido de que a su libertad le seguiría la mía.
Una tarde de noviembre, la psiquiatra entró en la habitación gritando: «¡¿Es que no te das cuenta del frío que hace?!». Antes de cerrar la ventana, cogió la pajarita y la estrujó.
